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Borrador dia 5

Día 5º.

Primer domingo

Hoy es domingo y eso quiere decir día libre. Aquí sólo descansan un día a la semana; aunque esté todo lleno de gente siempre es porque Tokio tiene tanta gente que por eso están acostumbrados a las colas y a vivir en comunas como panales de abeja, a pesar de que ellos sean super individualistas.

El domingo una cosa curiosa es en el parque de Shibuya, por la parte de Harajuku, en una zona donde se suelen reunir las típicas Lolitas o Góticas pasando por las Sugar Babys y mil estilos de vida. Muchos las llaman Cosplays, pero a mi eso no me parece correcto porque el cosplay es para representar un personaje Anime/manga/game y éstas son representar su estilo, pero eso puede ser un debate muy amplio para afrontarlo hoy.

Pues en dirección allí voy en tren, que es más largo el camino pero hay menos transbordos y se va más relajado. Nada más llegar a la estación apareces en la calle Omotesando. Es una calle muy muy neoyorkina, con los edificios de diseñadores famosos para marcas muy famosas. Pero mejor la dejamos para luego y nos vamos al puente de acceso al parque del templo. La verdad, al ser día 3 siguen con la celebración de fin de año y por lo tanto hoy allí nada. Está lleno de policías impidiendo que la gente se quede quieta y así fluya la corriente de gente que se dirige al templo. Por lo tanto, no veré muchas tribus urbanas hoy.

Me dirijo a la calle Takeshita Dori (dori es calle), que está a la izquierda dejando el parque a la espalda y es fácil de ver porque en la entrada todos están sacando fotos al gentío que circula por una calle muy muy estrecha. Esta calle es como el típico mercadillo de fin de semana, pero las tiendas están instaladas siempre. Es donde se puede comprar desde un gorro o un traje de comunión para tu perro hasta un traje de colegiala de todos los colores y tamaños. Vamos, que los complementos más raros que se te ocurran ya están inventados.

Una cosa a tener en cuenta en Japón: siempre ponen en la puerta a alguien gritando las ofertas y maravillas de su tienda. Un poco como el gitano promocionando sus bragas pero en voz más chillona y con una ropa que impresiona mucho más. Todo entre gritos de niñas, una marea de gente que no para de comer crepes rellenos de los dulces más dulces del mundo o la novedad de ahora: patatas dulces (chocolates y nata) o saladas. Yo compré unas patatas con especias y una Pepsi de melón.

Vamos, que un divertido caos en el que puedes ver todos los estilos de vida de vestir que nunca llegarás a imaginarte.

Cuando terminas la callecita de tiendas de Takeshita puedes ver la super calle de Omotesando que, como en todas partes, sigue estando llena de gente, pero si te gusta la arquitectura verás cómo los diseñadores aquí se lo curran para que no les pongan encima de su tienda ningún cartel de publicidad o una tienda de un producto que les quite el prestigio. Tened en cuenta que es un país en el que aprovechan para poner las tiendas en todas partes y la publicidad en todas las esquinas.

La verdad es que a mi las tiendas de lujo y sus marcas me parecen absurdas, no me interesan. Por lo tanto me fijé más en la arquitectura y aproveché para comer en los puestos de comida en la calle que creo que están por el fin de año. No se si estarán siempre, la verdad.

Pues nada, a por el tren y bajo 2 paradas antes para descubrir Akihabara.

Voy a echar un vistazo sólo porque es enorme y es tarde ya. Pues nada, a salir de la estación del tren y seguir el cartel del pueblo tecnológico. Veo un edificio de SEGA que es una gran sala de máquinas enorme que, por cierto, es la mas económica que he visto; en vez de ¥200 la partida son ¥100 y eso quiere decir jugar el doble por el mismo precio. Luego, callejeando, no vi ninguna tienda así como estamos acostumbrados de videojuegos sólo. Están llenas de productos de anime manga y juegos, las más parecidas. Aparte que no venden las cosas ordenadas como nosotros por compañía y máquina. Lo venden mezclado todo por promoción. Por lo tanto, puedes encontrar en cualquier zona juegos de todas las consolas dependiendo de la promoción y en qué consolas salga ese juego.

Luego tienes la calle llena de productos electrónicos, pero eso al final es vender todo el rato lo mismo a diferente precios. Si buscas una tarjeta de memoria o un móvil tienes mil precios que mirar, pero al ser tiendas tan pequeñas y saturadas es difícil. Luego tienes a las chicas promocionando anime o restaurantes-café de chicas vestidas de las fantasías más ocultas de cualquiera, o de chicos o de robos, los famosos mechas de Gundan, que es un restaurante muy muy conocido.

Vi también un sex shop de 4 plantas del que me gustaría comentar más poco a poco, porque tiene miga el tema.

Yo me perdí entre tanto neon y tanta tienda. Pregunté si en algún sitio me reparaban la pantalla del móvil, pero fue casi imposible y por fin encontré Potato, la tienda de 3 plantas de juegos clásicos; que, por cierto, la 3ª es una sala de máquinas clásicas muy interesante. El resto, como que no conseguía la Famicom original(Vamos la Nintendo Entertainment System japonesa) y eso no me gustó nada :(

Luego miré en el Hard-Off, que no tenía gran cosa, como leí, que era un gran bazar desordenado pero de desordenado nada todos los ordenadores consolas etc.. estaban muy bien ordenados. Éste estaba muy ordenado y a precios muy exagerados; por lo tanto, me temo que de eso tengo que buscar mucho más.

Me di un paseo extra, pero en dirección al metro, así descubro dónde está la estación del metro en Akihabara, que estaba bastante separada de la estación del tren que es donde he venido yo.

Borrador dia 4

Día 4º.

Ya termina el año nuevo o, por lo menos las celebraciones de ello.

Es el cuarto día en Japón y ya empiezo a adaptarme un poco a este horario. Me levanto, me baño en los baños japoneses y preparo la maleta. Sí, la maleta; me cambio de hotel. Ya me voy de esta cosa rara tan japonesa de baños japoneses con spa y dormir en comuna en cápsula. Descubrí que existe aún otra forma, uy es una colchoneta en la 7ª planta aún más económica pero demasiado japonesa. Los japoneses duermen de pie; yo necesito mi momento de relax y mi espacio, mi tranquilidad, etc…

Pues anda, hago el checkout pero dejo la maletona en la consigna, que son muy amables. Un carácter muy japonés. Me pongo rumbo a ver dónde está el Museo Ghibli, ya que en todas las guías comentan que es un recorrido muy difícil y, claro, si ya es difícil moverse en un país en el que no puedes leer un cartel porque tiene pocos en nuestros caracteres, vete a una zona en la que ese poco ya ni existe. Vamos, ni poder leer el nombre de nada. Pero, vamos, yo con mi intuición y mi gps lo voy a intentar.

Primero tengo que ir a Shinjuku y coger una línea de tren, salir de ella para coger un bus. Esa parte del bus es la que me da un poco de miedo. Pues nada, empiezo entrando en las galerías de Shinjuku y descubro que existe otro Japón subterráneo. Veo mi primer supermercado y me emociono mirando tantos productos diferentes. Voy a ver si puedo comprar algo de fruta pero es cara no, lo siguiente, un lujo; por lo tanto, como he desayunado un ramen en un restaurante enano y a mi las mañanas me gusta tomar algo más dulce, acabo comprando un panecito dulce.

Pues nada, en laberintos de galerías subterráneas llego por fin al tren que tengo que coger. Pero encuentro la dificultad de que existe express y rápido. El express me pone que hasta dentro de hora y media no sale y voy al rápido en el que me pone que no para en todas pero en la mía sí. Pues nada, lo cojo. Cuando voy en el tren sólo que salir en la 4ª parada; pues nada, la mía se la salta y no para. Pues nada, salgo en la siguiente y para atrás. Que es el momento en que descubro que no existe sólo express y rápido, existe también LOCAL. Pues nada, vuelvo una parada para atrás y asunto arreglado.

Ya por fin veo que la zona en la que estoy es una zona imitando más a una zona comercial europea y, es curioso, veo una panadería francesa QUE VENDE CHURROS. Pues sí, a un euro el churro y la gente los pedía de regalo. El pan estaba a 3€ y se notaba que vendían poco; por lo tanto, tenían más bollería que pan.

Pues preguntando y preguntando pasé por 3 zonas en donde paran autobuses y en la 3ª al final estaba el que buscaba, por fin. Como sólo tenia las indicaciones en japonés se lo enseñaba a todo el mundo ya que para mi es como estar jugando al juego de buscar las diferencias entre dos imágenes, pero la verdad que es una imagen contra mil. Pues nada, al final por un número que tenía encontré la parada 92 y viendo carteles de hamburguesas de puré de patata y otras curiosidades al final llegó un bus en el que los japoneses entraron en orden a poco a poco. Pregunté al autobusero si iba hacia ese sitio enseñando el nombre en el móvil y me dijo que sí. Me pegué a él como una lapa y en un breve momento me dijo que ésa era y bajé.

Me encontré en un parque que tenía claramente un templo. Pero también tenia un zoo, un lago y por suerte también el Museo Ghibli, ese museo que tiene representadas todas esas películas que tanto me gustan y me hacen llorar, aunque algunos me digan que es un martirio, pero es precioso ver lo simple de la vida, que muchas veces te olvidas de mirarlo.

Pues nada, descubro, aunque ya sabia, que no podría entrar porque las entradas son muy limitadas y no se pueden comprar en el propio museo al no tener taquilla. Pues no puedo ni informarme, porque está cerrado hasta el día 2 de enero por año nuevo, y hoy es el día dos. Pues a conformarse con unas fotos al exterior y a un totoro que se puede ver por una ventana.

Sigo andando y encuentro una zona de beisbol en donde los japoneses disfrutan haciendo deporte familiar, sobre todo en estos días de fiestas que son pocos, ya que ellos sólo disfrutan de 7 días libres al año.

Pues paseando por el parque entro en el pequeño templo, que al ser pequeño están aún los japoneses tirando de la campana para dar la bienvenida al año nuevo. En el centro de Tokio no pueden tirar todos de la campana porque sería imposible terminar las colas que se montan simplemente a rezar en la entrada. Para que encima cada uno tire de una campana.

Pues yo pido algún deseíto a los dioses que tienen alrededor del templo, que al ser más pequeños tienen menos cola y les dejo con sus plegarias. Pues nada, me acerco al lago y veo que están con barquitos y pedalós. Pues nada, alquilo un pedaló por 40 minutos en una máquina expendedora, como va todo aquí, y a pasear por un lago lleno de patos muy majos que se acercan a todos pidiendo comida. Un paseo muy tranquilo pero encantado, eso sí.

Al finalizar me acerco a la entrada del Zoo para preguntar por información en inglés para el día en que consiga entradas para el Museo Ghibli aprovechar y visitar el museo si me interesa. Pues nada, ahora toca volver y veo en el mapa que si voy por una calle comercial llego a la estación de tren. ¿Para qué coño me han liado con el bus si andando está tan cerca? Será un kilometro, pero como es por una zona tan bonita no importa el paseo. Para la próxima no cojo ni bus ni mierdas y a disfrutar del paseo.

Pues nada, me toca volver al viejo hostel cápsula, coger maletas y al nuevo hostel. Pues ya es cosa de tiempo y horas de metro. Pues nada, saliendo del metro ya con la maleta buscando el nuevo hostel saco el plano y las indicaciones que tenía en castellano para guiarme, pero sin aún leer nada tengo a una chica muy maja que al verme cargado y desorientado me pide la dirección y me lleva a la puerta. Sin ni siquiera pedir nada. Yo como sé que les llamamos la atención le di la mano; ella encantada y luego le di dos besos, que le pusieron muy nerviosa. Siempre te hacen la cobra pero a lo bestia. Ellos como mucho se inclinan mil veces pero lo de tocar para agradecer, como que no.

Pues nada, me instalo, compro cosas en un supermercado cercano que me han recomendado en el hostel y nada, a casa para cenar y dormir en un sitio tranquilo por fin.

Por cierto aquí no tienen el miedo a que roben nada. Las tiendas tienen muchos productos en la calle, y en el supermercado por ejemplo te dejan preparar tus bolsas en una zona que está llena de productos que no has pagado. Vamos, un amante de lo ajeno aquí se hace rico.

Borrador dia 3

Pues empieza mi tercer día, que es el primer día del año. Conseguí dormir algo más, gracias a los fantásticos tapones de oídos que amortiguan un poco el gran ruido del aire acondicionado de las cápsulas. La verdad, que tienes que dejar la cápsula a las 10:00 y yo la he dejado justo a esa hora, pero me he ido a desayunar y no me he acercado a la recepción hasta una hora más tarde. Pues eso quiere decir 1 hora de penalización, que cada 30 minutos son 270 yens; o sea, 540 yens extra que tengo que pagar por no haber ido antes a recepción que al restaurante. La novatada del país.

El plan de hoy es andar todo el rato casi, pero tampoco mucho. Primero, ir a ver por fin el centro de Shinjuku, que es la zona donde estoy desde el principio, pero la zona central se me quedó un poco abajo. Pues nada; todo el camino de siempre, pero sigo bajando en la primera calle principal que encuentro.

Veo allí nada más llegar un edificio completo muy muy cuidado de pachinko (ya he contado qué es), y al entrar veo un revuelo enorme por la celebración el año nuevo. Son los sitios más ruidosos del mundo y pregunto si puedo sacar fotos. Me comentan que sí mientras no saque a la gente que está consumiendo. No es algo que les llena de orgullo verse adictos a esas máquinas.

Empiezo sacando fotos a unas figuras de Evangelion porque han sacado el pachinko de evangelio y se nota que es la novedad y, de repente, los trabajadores montan un ritual de amasar arroz en la entrada. Se ponen a regalar unos dulces tradicionales que se comen el primer día del año y que las madres los preparaban en la puerta de casa. Pues como regalan me pongo a la cola y a ellos que estén occidentales como que les agrada, o eso muestran. Veo la preparación: se hace una bola con una masa de arroz a la que luego se le pone judía dulce con una fresa y azúcares. Sabe bastante raro pero no me desagrada. (La masa de arroz aquí la comen con todo). Pues nada, después de alucinar con el edificio de 4 plantas de máquinas pachinko y salir de ese gran ruido, alucino con los grandes rascacielos y voy a buscar el mío, que hoy va ha ser el TOCHO, el edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio. Un edificio que tiene dos torres que puedes subir gratis, desde las que se ve hasta el monte Fuji, aparte de casi todo el resto de Tokio. La verdad que, siguiendo una calle subterránea, se llega pronto y se ve como que es otra zona más pudiente. Mucho más de negocios y menos saturada.

En las torres puedes estar un buen rato, tomar algo y si quieres hasta comer en una de ellas. La verdad, que te venden también souvenirs de todos los mangas y series japonesas, películas japonesas como americanas y un ran, etc. de merchandising… Pues después de ver desde arriba un niño que aunque está en la ciudad hace otra tradición japonesa que consiste en volar una cometa el día 1 del año en el parque, salgo de las torres y me dirijo a la zona de Shibuya. Empiezo por el gran templo Meiji Jingu de Shibuya, que está de celebraciones y la gente sigue haciendo sus ofrendas como por la noche. Colas y colas para comer, para comprar souvenirs para los dioses y colas para dar tu propina al templo. Vamos, lo típico aquí. Es tan típico hacer cola que me he puesto detrás de uno para hacer una foto cuando se mueva, y una chica se me ha puesto detrás para hacer otra foto y yo ya pensando que como me quede un rato formo otra cola allí.

Pues nada, después de recorrer casi todo el parque (bosque) para ver el templo a cachos sin hacer cola. Con el problema de que muchas partes están cortadas por el evento. He conseguido bajar a la zona de Shibuya. Una zona muy comercial pero más europea con marcas desde Zara a Prada, etc…

Pues al final encuentras el gran cruce de Shibuya claramente que sale en todos los cómics y películas. Que encima tiene el premio de estar la estatua del gran perro Hachiko. Que está llena de gente sacando fotos toda la zona. La verdad, tenía ganas de ver el paso de peatones, pero no es tan impresionante como me lo imaginaba o era ya el cansancio. Ya que estoy en una estación importante cojo el metro y vuelvo a la cápsula a pegarme un gran baño japonés y a ir a dormir antes, que no quiero pagar otra multa.