Borrador dia 4

Día 4º.

Ya termina el año nuevo o, por lo menos las celebraciones de ello.

Es el cuarto día en Japón y ya empiezo a adaptarme un poco a este horario. Me levanto, me baño en los baños japoneses y preparo la maleta. Sí, la maleta; me cambio de hotel. Ya me voy de esta cosa rara tan japonesa de baños japoneses con spa y dormir en comuna en cápsula. Descubrí que existe aún otra forma, uy es una colchoneta en la 7ª planta aún más económica pero demasiado japonesa. Los japoneses duermen de pie; yo necesito mi momento de relax y mi espacio, mi tranquilidad, etc…

Pues anda, hago el checkout pero dejo la maletona en la consigna, que son muy amables. Un carácter muy japonés. Me pongo rumbo a ver dónde está el Museo Ghibli, ya que en todas las guías comentan que es un recorrido muy difícil y, claro, si ya es difícil moverse en un país en el que no puedes leer un cartel porque tiene pocos en nuestros caracteres, vete a una zona en la que ese poco ya ni existe. Vamos, ni poder leer el nombre de nada. Pero, vamos, yo con mi intuición y mi gps lo voy a intentar.

Primero tengo que ir a Shinjuku y coger una línea de tren, salir de ella para coger un bus. Esa parte del bus es la que me da un poco de miedo. Pues nada, empiezo entrando en las galerías de Shinjuku y descubro que existe otro Japón subterráneo. Veo mi primer supermercado y me emociono mirando tantos productos diferentes. Voy a ver si puedo comprar algo de fruta pero es cara no, lo siguiente, un lujo; por lo tanto, como he desayunado un ramen en un restaurante enano y a mi las mañanas me gusta tomar algo más dulce, acabo comprando un panecito dulce.

Pues nada, en laberintos de galerías subterráneas llego por fin al tren que tengo que coger. Pero encuentro la dificultad de que existe express y rápido. El express me pone que hasta dentro de hora y media no sale y voy al rápido en el que me pone que no para en todas pero en la mía sí. Pues nada, lo cojo. Cuando voy en el tren sólo que salir en la 4ª parada; pues nada, la mía se la salta y no para. Pues nada, salgo en la siguiente y para atrás. Que es el momento en que descubro que no existe sólo express y rápido, existe también LOCAL. Pues nada, vuelvo una parada para atrás y asunto arreglado.

Ya por fin veo que la zona en la que estoy es una zona imitando más a una zona comercial europea y, es curioso, veo una panadería francesa QUE VENDE CHURROS. Pues sí, a un euro el churro y la gente los pedía de regalo. El pan estaba a 3€ y se notaba que vendían poco; por lo tanto, tenían más bollería que pan.

Pues preguntando y preguntando pasé por 3 zonas en donde paran autobuses y en la 3ª al final estaba el que buscaba, por fin. Como sólo tenia las indicaciones en japonés se lo enseñaba a todo el mundo ya que para mi es como estar jugando al juego de buscar las diferencias entre dos imágenes, pero la verdad que es una imagen contra mil. Pues nada, al final por un número que tenía encontré la parada 92 y viendo carteles de hamburguesas de puré de patata y otras curiosidades al final llegó un bus en el que los japoneses entraron en orden a poco a poco. Pregunté al autobusero si iba hacia ese sitio enseñando el nombre en el móvil y me dijo que sí. Me pegué a él como una lapa y en un breve momento me dijo que ésa era y bajé.

Me encontré en un parque que tenía claramente un templo. Pero también tenia un zoo, un lago y por suerte también el Museo Ghibli, ese museo que tiene representadas todas esas películas que tanto me gustan y me hacen llorar, aunque algunos me digan que es un martirio, pero es precioso ver lo simple de la vida, que muchas veces te olvidas de mirarlo.

Pues nada, descubro, aunque ya sabia, que no podría entrar porque las entradas son muy limitadas y no se pueden comprar en el propio museo al no tener taquilla. Pues no puedo ni informarme, porque está cerrado hasta el día 2 de enero por año nuevo, y hoy es el día dos. Pues a conformarse con unas fotos al exterior y a un totoro que se puede ver por una ventana.

Sigo andando y encuentro una zona de beisbol en donde los japoneses disfrutan haciendo deporte familiar, sobre todo en estos días de fiestas que son pocos, ya que ellos sólo disfrutan de 7 días libres al año.

Pues paseando por el parque entro en el pequeño templo, que al ser pequeño están aún los japoneses tirando de la campana para dar la bienvenida al año nuevo. En el centro de Tokio no pueden tirar todos de la campana porque sería imposible terminar las colas que se montan simplemente a rezar en la entrada. Para que encima cada uno tire de una campana.

Pues yo pido algún deseíto a los dioses que tienen alrededor del templo, que al ser más pequeños tienen menos cola y les dejo con sus plegarias. Pues nada, me acerco al lago y veo que están con barquitos y pedalós. Pues nada, alquilo un pedaló por 40 minutos en una máquina expendedora, como va todo aquí, y a pasear por un lago lleno de patos muy majos que se acercan a todos pidiendo comida. Un paseo muy tranquilo pero encantado, eso sí.

Al finalizar me acerco a la entrada del Zoo para preguntar por información en inglés para el día en que consiga entradas para el Museo Ghibli aprovechar y visitar el museo si me interesa. Pues nada, ahora toca volver y veo en el mapa que si voy por una calle comercial llego a la estación de tren. ¿Para qué coño me han liado con el bus si andando está tan cerca? Será un kilometro, pero como es por una zona tan bonita no importa el paseo. Para la próxima no cojo ni bus ni mierdas y a disfrutar del paseo.

Pues nada, me toca volver al viejo hostel cápsula, coger maletas y al nuevo hostel. Pues ya es cosa de tiempo y horas de metro. Pues nada, saliendo del metro ya con la maleta buscando el nuevo hostel saco el plano y las indicaciones que tenía en castellano para guiarme, pero sin aún leer nada tengo a una chica muy maja que al verme cargado y desorientado me pide la dirección y me lleva a la puerta. Sin ni siquiera pedir nada. Yo como sé que les llamamos la atención le di la mano; ella encantada y luego le di dos besos, que le pusieron muy nerviosa. Siempre te hacen la cobra pero a lo bestia. Ellos como mucho se inclinan mil veces pero lo de tocar para agradecer, como que no.

Pues nada, me instalo, compro cosas en un supermercado cercano que me han recomendado en el hostel y nada, a casa para cenar y dormir en un sitio tranquilo por fin.

Por cierto aquí no tienen el miedo a que roben nada. Las tiendas tienen muchos productos en la calle, y en el supermercado por ejemplo te dejan preparar tus bolsas en una zona que está llena de productos que no has pagado. Vamos, un amante de lo ajeno aquí se hace rico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *